lunes, 6 de junio de 2016

Pensamientos extraños y obsesivos

“Son las cinco de la tarde de un domingo cualquiera. He recogido mi cuarto y voy a prepararme el bocadillo de la merienda. Cojo el cuchillo y empiezo a cortar el pan. Quiero prepararlo ya para así para poder disfrutar de una película que me interesa ver por televisión junto a mi familia. Mi padre entra en la cocina y me avisa de que va a empezar en unos instantes. Cuando mi padre vuelve al salón se dispara en mi mente el siguiente pensamiento.... ¿Y si cogieras el cuchillo y le cortaras la cabeza? ¿Por qué no los matas? Este pensamiento me paraliza; me pongo rígida; comienzo a sudar; el corazón me late muy aprisa; me cuesta respirar; tengo frío, un frío muy intenso; tengo náuseas...






Pienso que no podré resistir y acabaré cogiendo el cuchillo y haciéndoles daño y los mataré. Sin embargo, sé que no quiero hacerlo, que solo es un pensamiento. Dudo. No puedo asegurar que no lo haré. Vuelvo a dudar. Intento mirar la película, pero el pensamiento me machaca el cerebro y no me deja tranquila. Voy a la cocina y escondo los cuchillos; quizá así no lo haga, pienso. 

Observo a mis padres y me digo que tengo mucha suerte con ellos, por lo tanto, ¿por qué voy a querer hacerles daño?. No quiero hacerlo, sin embargo este razonamiento no me sirve para nada. Sigo encontrándome mal y necesito ir una y otra vez al cuarto de baño. Permanezco en la habitación pero evito hablar con ellos intentando parar este pensamiento que me tortura. Finalmente no puedo aguantarlo más y me marcho de la habitación. Pero en los días siguientes el pensamiento sigue torturándome hasta el punto de tenerlo presente incluso en mis sueños. El miedo a hacer aquello que no quiero invade cada instante de mis días" .Testimonio manifestado por una paciente.

Puede que estés sorprendido por este testimonio que te he presentado, pero esto es más habitual de lo que creemos. Por nuestras mentes pasan más de 20000 pensamientos al día y de ellos una gran mayoría son cosas absurdas, inconexas y que no tienen demasiado sentido. El problema viene cuando, a algún pensamiento extraño le damos valor, esto nos lleva a meternos en un bucle del que es complicado salir airoso. 

La presencia de pensamientos no voluntarios o invasores en la mente es un fenómeno bastante universal y generalizado. Por ejemplo, como hemos hablado en el testimonio tener miedo a hacerle daño a su familia con un cuchillo, la madre primeriza que pensó fugazmente en lo fácil que sería ahogar al bebé con una almohada, el estudiante que tuvo la instantánea de lanzarse a la vía del metro mientras esperaba que este llegara y un largo etc. 

Muchos podríamos preocuparnos por este tipo de pensamientos, y hacernos la pregunta ¿Cómo se me ha podido pasar esto por la cabeza con lo que lo quiero?, y esto llevarnos a dudar de si somos o no obsesivo-compulsivos. Lo cierto es que los rasgos obsesivos se presentan en un gran número de personas normativas. De hecho, psicólogos ingleses investigaron los pensamientos obsesivos en una muestra de 302 personas de la población general y el 84 % informó que habían experimentado el asalto de pensamientos, imágenes o impulsos indeseados más de una vez en su vida

Las temáticas más habituales suelen ser las siguientes:
  • Agresión y violencia: Temor a matar a un ser querido; a atacar físicamente a una persona; a atropellar a alguien mientras se conduce sin darse cuenta; a haber escrito o dicho algo inadecuado inadvertidamente, a insultar a un jefe; a enviar una carta ofensiva a un amigo.
  • Sexuales: Temor a poder abusar de un niño. Actuar como homosexual cuando se es, en realidad, heterosexual. 
  • Blasfemias y sacrilegios: Tener relaciones sexuales con Cristo o Satán o con la Virgen María. Hacer gestos o conductas inapropiadas en una iglesia.
No deberíamos de preocuparnos por tener ideas escandalosas de vez en cuando, sino por creer que éstas pueden hacerse realidad aunque uno no lo quiera. Que se manifestaran solo por pensarlas, ya que eso no es posible. No se pueden manifestar los actos sin la voluntad de la persona en cuestión. Si éste fuera el caso, estaríamos traspasando los límites de la normalidad mediante el pensamiento mágico propio de la enfermedad obsesiva.






Para entender con un fácil experimento la razón porque un pensamiento no se va de la cabeza, podemos acudir a la historia de los hermanos Tolstoy.

Cuenta Tolstoi que su hermano le puso una dura prueba para formar parte de su club: “quédate en el rincón hasta que dejes de pensar en un oso blanco”. Pero el joven Tolstoi fue incapaz de conseguirlo. Se quedó en el rincón pensando durante horas en osos blancos.

Eso es lo que nos pasa a todos cuando queremos dejar de pensar en algo. Cuánto más luchamos contra la idea, ésta se hace cada vez más frecuente e insistente. No deja de volver y volver a la cabeza. Siempre que deseamos dejar de pensar en algo logramos el efecto contrario. Así se mantienen las ideas obsesivas.

¿Cómo van a desaparecer?

La clave se encuentra en "Prohibido prohibir"Para superar las obsesiones es fundamental aceptar el pensamiento obsesivo. Cuando se acepta pensar lo impensable y se permite que las obsesiones vengan cuando quieran dejando de luchar contra ellas, solo entonces se reduce la ansiedad y se obtiene la paz mental.

Cuando la ansiedad disminuye los pensamientos obsesivos tienden a disminuir y a desaparecer. La idea de pensar cosas inaceptables puede parecer escalofriante, pero se ha demostrado que es la mejor terapia. Esta técnica, concretamente, se llama en psicología “intención paradójica”. Es como si inoculáramos la enfermedad, es decir, pensar más en los pensamientos obsesivos, para acostumbrarnos y para librarnos de ellos. Es como prescribir la enfermedad.

Algunas personas sienten temor a pensar los pensamientos impensables por miedo a que se hagan realidad. Pero esto es totalmente imposible. Nadie hace, realmente, algo que no quiere hacer. 

Existen diversas teorías que podrían explicar porqué esta técnica funciona, pero lo que sí está claro para todos los profesionales de la psicología, es que para dominar los pensamientos no podemos prohibirlos. Hay que tomar el toro por los cuernos y aceptar lo que pensamos y lo que sentimos.

Si te preocupas demasiado por las cosas y tienes pensamientos e ideas recurrentes que te invaden tu mente, es normal que te sientas cansado y estresado. Cuando tenemos pensamientos obsesivos nuestra energía se concentra en ellos y cuanto más pensemos, más presentes estarán. Es por ello, que resulta importante tratar de controlar esos pensamientos para poder cuidar tu salud

La próxima semana hablaremos de técnicas para acabar con ellos...te unes a la espera?

Hasta la próxima semana!

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