lunes, 31 de agosto de 2015

Hola Septiembre, adiós vacaciones!: Vuelve a la rutina como nuevo

Para muchos de nosotros, hoy es el primer día de trabajo tras las vacaciones de Verano. Lo más normal es que durante estas últimas semanas hayamos alterado nuestros hábitos alimentarios, de sueño, etc, y cometido algunos excesos, por lo que es posible que estos primeros días de vuelta a la normalidad nos encontremos más cansados de lo habitual y nos cueste adaptarnos, o incluso que suframos el llamado "Síndrome Post-vacacional".

Según los expertos, el periodo de adaptación al trabajo después de la vuelta de vacaciones es de entre una y dos semanas. Para afrontar todo esto mejor, hoy te traigo varios trucos para afrontar de manera exitosa el final de las vacaciones. Lo principal es saber ver el lado bueno de la situación y recuperar unos hábitos saludables. ¡Toma nota!

Pautas que te ayudarán a volver a la rutina 


1. Descansa bien. Puede que durante las vacaciones nos hayamos acostumbrado a estar despiertos hasta mucho más tarde, pero es importante, lo antes posible, hacer un esfuerzo por volver a tener una rutina de acostarnos y levantarnos a la misma hora para así dormir las horas necesarias.


2. Acepta la realidad. Es muy difícil volver a la rutina si estamos pensando todo el rato en lo mucho que se ha disfrutado o en lo que no se ha hecho durante las vacaciones. Hay que enfrentarse al día a día con los aspectos agradables de la rutina y tratar de olvidar aquellos pensamientos que nos trasladan al pasado y a opciones que ya no son posibles.


3. Sé agradecido por haberlas tenido. No tenemos que olvidar que no todo el mundo puede disfrutar de las vacaciones. Todo aquel que ha tenido ese «lujo» este verano debe tenerlo en cuenta a la hora de volver al trabajo y que nos ayude a mantener una actitud más positiva.


4. Manten una alimentación saludable y vuelve a la rutina deportiva. Esto  nos ayudará a recuperar la energía que necesitamos mucho más rápido. 


5. Recupera tus buenos hábitos… o comienza otros nuevos. Aunque volvamos a la rutina y nuestro tiempo libre se reduzca no hay que dejar de dedicar un rato de nuestro día al ocio y tiempo libre. Algunas sugerencias: dar un paseo antes de cenar, practicar algunos ejercicios de respiración por las mañanas, tómate algo con tus compañeros de trabajo tras la salida del mismo, etc. 


6. Piensa a corto plazo. En vez de futurizar con el próximo verano tienes que hacerlo con el próximo fin de semana. Las metas cortas estimulan, las que son muy largas, nos generan ansiedad. Por lo tanto, no es buena idea empezar a pensar en cuanto te queda para las próximas vacaciones. 


7. Mantén hábitos de vacaciones todo el año. Es muy motivador incorporar hábitos de las vacaciones a la rutina del trabajo. Por ejemplo el hecho de desayunar tranquilamente leyendo el periódico es algo relacionado con el tiempo libre, pero es posible hacerlo sin mayor esfuerzo cada día antes de ir a trabajar.

¿Qué te han parecido estos consejos? ¿Vas a ponerlos en práctica? Recuerda compartir si te ha parecido interesante!

Gracias por vuestro apoyo!! 

Un abrazo

lunes, 24 de agosto de 2015

Miedo a hacer daño a los demás

En los trastornos de ansiedad frecuentemente abundan los miedos, y las conductas de evitación. En numerosas ocasiones estos miedos se vuelven muy fuertes y repetitivos, se transforman en pensamientos parecidos a los pensamientos obsesivos o rumiativos, que aparecen constantemente desgastando a la persona. 

Cuando se combinan estos dos elementos, ansiedad alta e ideas recurrentes es cuando pueden surgir las fobias impulsivas, también conocidas como de miedo a perder el control o a volverse loco, y ante esta situación de pérdida de control aparecen miedos como hacer daño a otras personas o niños, coger un cuchillo o un arma, saltar por el balcón, empujar a alguien a las vías… Son siempre situaciones que no quiere hacer la persona, pero que tiene un miedo enorme de poder llevarlas a cabo.

El miedo a poder matar a alguien, o a poder hacer daño, es un sentimiento que produce numerosos pensamientos rumiativos .Esta idea es más frecuente de lo que parece,  aproximadamente un 1% de las personas las vamos padecer en algún momento de nuestra vida. Normalmente son pensamientos que no surge de la nada, hay determinadas situaciones que nos predisponen como: 

-- Situaciones de conflicto con otras personas, en donde se ha sentido gran irritación y deseo de venganza por el daño que se ha padecido. Identificar estas emociones tan elevadas puede asustar a la persona y potenciar el evitarlas.

-- Sensación de descontrol sobre las emociones. Creer no tener el control total sobre nuestras emociones al mostrarlas a otras personas, esto puede precipitar una gran sensación de vulnerabilidad y de miedo a que otras emociones también puedan descontrolarse. Sentir bloqueo en una reunión de trabajo y ponerse a llorar, por ejemplo, sería una de las muchas situaciones detonantes de este tipo de ideas obsesivas.

-- Estar al cargo de niños pequeños o bebés.El exceso de responsabilidad sobre los niños y el miedo a que les pase algo, puede precipitar el miedo a poder hacerles daño, y a veces da paso al miedo a poder matar o herir gravemente a un niño indefenso.

-- Situaciones de estrés mantenido un tiempo prolongado. Cuando estamos sometidos a elevadas dosis de ansiedad, podemos hacernos más vulnerables ante acontecimientos aparentemente inocuos. Cuando esto ocurre aumentan las posibilidades de obsesionarse con la idea de poder causar daño a alguien.

¿Qué tipos de pensamientos aparecen?

Los tipos de pensamientos dentro de las fobias de impulsión generalmente son muy intensos y moralmente muy potentes, ya que generalmente están relacionados con causar daño a otras personas más vulnerables, de manera que están indefensas ante la persona que presenta la fobia de impulsión, por lo que si realmente perdiera el control la víctima no podría detenerlo, elemento que aún aumenta más la ansiedad, ya que si yo no me controlo el otro no me podrá detener. Estos son algunos ejemplos de pensamientos típicos de las fobias de impulsión: 

Voy a hacer daño a otra persona con un cuchillo, u otra arma
Voy a saltar o empujar a alguien por un balcón, a las vías del tren…
Voy a hacerle daño a mi hijo, o mi bebé
Voy a ahogar a mi bebé mientras lo baño, en la piscina...
Yendo por la calle, voy a atropellar a alguien de manera intencionada

Tratamiento

Las personas que presentan este tipo de fobias de impulsión, sufren muchísimo y lo pasan realmente mal. Como hemos visto, se sienten culpables, con muy baja autoestima y/o confianza en ellos mismos, inseguros de lo que pueden hacer, ansiosos, y se comportan de forma evitativa, por lo que el problema acaba afectando significativamente  en su vida diaria.

Los tratamientos que han demostrado mayor eficacia para este problema de ansiedad es la terapia cognitivo conductual, basada tanto en los pensamientos que tiene la persona (cognitivo) como en el control de sus acciones (conductual). Mediante esta terapia enseñamos a las personas a que aprendan a no creerse sus pensamientos si no están basados en lo objetivo y tienen pruebas para ello así ganarán seguridad y herramientas conductuales para cerciorarse que no van hacer nada que ellos no quieran hacer aunque esa idea les haya venido a la cabeza.

¿Te ha pasado esto alguna vez? ¿Conoces a alguien que lo padezca?

Gracias por seguirme!!

lunes, 17 de agosto de 2015

Los 2 años: Una edad complicada

Según Javier Urra (Psicólogo de la Fiscalía de Menores de Madrid y autor del libro "El pequeño dictador"), "si tienes un niño pequeño que hace lo que quiere, que piensa que todos a su alrededor son unos satélites, que a los dos años no ayuda a recoger los juguetes, que jamás se pone en el lugar del otro, aprende que la vida es así y la madre es una bayeta que sirve para ir detrás de él. Si eso no se frena, cuando tiene 16 o 17 años se desborda: exige mucho dinero y cuando la madre un día le dice no, no lo acepta. Lleva 17 años oyendo que sí a todo. ¿Cómo que no?, dice. Entonces la empuja contra la pared, le tira la comida a la cara, la amenaza". Esto es lo que puede ocurrir si no empezamos a poner desde ya límites a nuestros hijos, si te viene a la mente "es que aún es muy pequeño" lo tienes claro, esta situación tarde o temprano pasará. 

¿Qué pasa a los 2 años?

Entre los 2 y 3 años, los niños, experimentan muchos avances y cambios importantes. Empiezan a caminar sin ayuda y empiezan a correr, arrastran juguetes detrás de él mientras anda, pueden coger uno o varios juguetes mientras caminan, se ponen de puntillas, suben y bajan escaleras solos, bajando un escalón en cada paso, empiezan a sostenerse de la barandilla o de la mano de un adulto, abren puertas, trepan por los muebles y bajan de ellos, usan la cuchara y la taza de forma más o menos adecuada, dan la vuelta a un recipiente para sacar lo que hay dentro, chutan y lanzan al aire una pelota, hacen torres con cubos y los juntan en línea si se les enseñan, realizan de manera espontánea garabatos, líneas o círculos con una tiza o una cera, se lavan y secan las manos, etc. 

Por todo lo expuesto anteriormente, como veis, el niño ha ganado independencia motora, lo cual supone que está expuesto a más peligros y estímulos que anteriormente. Habremos de facilitarles un entorno seguro en el que se muevan con los mínimos peligros posibles y asegurar las partes altas del hogar (televisiones, jarrones sobre mesas…), las tomas eléctricas y todos los armarios o cajones que contengan productos u objetos peligrosos. No podemos perder de vista al niño en ningún momento, pues en cuestión de segundos podría ponerse en peligro y sufrir algún daño, esto es algo que a los padres puede desbordarles debido a la gran cantidad de atención que precisan.

Todos estos avances a nivel autónomo y la cantidad de estímulos a su alcance hace que empiecen a formar parte de su personalidad. Empieza a comunicarse y a poder elegir y pedir lo que quieren, se mueven con total autonomía y todo esto hace que empiecen a posicionarse y a querer marcar sus pautas. Es una etapa de autoafirmación: "yo" y "mío" se convierten en dos de sus palabras favoritas.

Por lo tanto, quiere ser independiente, pero se frustra con frecuencia porque no llega a dominar muchas habilidades que ya empieza a saborear. Por lo tanto, las rabietas alcanzan en esta etapa su máximo apogeo.

¿Qué puedo hacer?

-- Le da igual cuando le "amenazo" castigándole. Los niños/as con esta edad aún no calibran bien la dimensión y el significado del castigo y tampoco conoce sus consecuencias. Para conseguir que funcione algo mejor, hay que estableces las consecuencias de su comportamiento de inmediato, así le será mucho más fácil entender la relación entre causa y consecuencia.


-- Un "¿que?" por respuesta. No es que esté intentando que rebaséis vuestro límite de paciencia, simplemente pide tiempo muerto. Muchas veces están distraídos cuando les preguntamos, ya que su atención no se fija al 100% en la persona que les está hablando. Esta es la explicación de, ese continuo '¿qué?' es una manera de ganar tiempo para procesar lo que le han preguntado. La mejor opción para evitarlo, es llamar su atención antes de preguntarles algo y, al hacerlo, hablarles despacio. Así los pequeños no tendrán necesidad de pedir ese tiempo muerto.

-- Le gusta transgredir los límites y normas. Necesitan probar dónde está el límite, es una especie de juego. Es su manera de sentirse reforzado y valorado. Ignorar su mal comportamiento y prestarle atención cuando obedezca, es la mejor táctica que puedes seguir.

-- Quiere lo mismo todo el tiempo. Puede que haya visto mil veces la misma peli, puede que se la sepa de memoria y que pensemos que hasta que cumpla los quince no se va a hartar de ella. Esa actitud es de lo más normal. Simplemente, la película cubre sus necesidades, conecta con su psicología, le hace reír y, claro está, eso le hace sentir bien. 


-- Es tímido selectivo. Empiezan a sentir timidez, un emoción que muchos no habían experimentado todavía. Suele ocurrir en niños/as que por carácter son más vergonzosos o que, aun sin serlo, no se han expuesto todavía a muchos 'eventos' sociales. Para que no se sientan incómodos ante una persona que no conocen, tenemos que empezar por respetarles y no forzarles a mostrar conductas que no desean. Es posible que en unos minutos se les pase. Habrá que ofrecerle situaciones en las que pueda interactuar con otros niños y con sus padres de manera más cómoda para ir cogiendo confianza.

Para ti...¿Cómo ha sido o está siendo esta etapa en tus hijos/as? Cuéntanos tu experiencia puede ayudar a otros padres!!

Hasta la próxima semana!!

lunes, 10 de agosto de 2015

El cojín de Martina Repentina...cuento para ayudar a tus hijos/as a controlar el enfado

El verano llena las consultas de psicología de niños, más bien de padres, que buscan ayuda para poder sobrellevar todo el verano con sus hijos en casa. Actualmente encontramos muchos niños con problemas de conducta, rabietas y enfados por lo que todo recurso para solventar este tipo de problemas es más que bien recibido. 

El estrés que padecen hoy nuestros hijos no es poco, pasan más de 8 horas en el colegio, luego los apuntamos a 1001 extraescolares y para postre llegan a casa y hay que hacer los deberes y estudiar para el "examen" ya desde muy pequeños. A todo esto hay que sumarle que es una etapa de descubrimientos y grandes cambios en el colegio, con los amigos, los estados emocionales variables de los padres, frustraciones, etc. Todos esto, como imaginamos, les genera niveles elevados de estrés y emociones muy intensas como el enfado que aún les es muy difícil manejar adecuadamente.

Además de lo que ellos tienen encima, estamos nosotros, que constantemente les exigimos que se adapten anuestro mundo, el de los adultos. El enfado de los peques, seamos sinceros, nos molesta y, en muchas ocasiones, provoca que nosotros nos enfademos con ellos y respondamos de la misma forma gritando o sermoneando. A fin de cuentas, les pedimos de manera más o menos sutil, que NO expresen esa emoción, que la repriman. Pero, ya sabemos, que el enfado no desaparece.

La rabia no expresada es acumulada hasta que un día, explota o aparece enmascarada con síntomas otros síntomas poco adaptativos como no hablar, no comer, arrancarse el pelo, morder y otros problemas de conducta.

El cojín de Martina Repentina

Por todo esto, hoy quiero presentaros un buen recurso para trabajar el enfado y la ira de los más pequeños. Se trata del cuento "El cojín de Martina Repentina" de Ester Llopis Meneu.

Esta semana lo he empezado a utilizar con algunos de mis niños de la consulta que precisan controlar sus impulsos y ¿Os cuento cuáles han sido mis conclusiones?


- A los niños ya de entrada les hace gracia y le resulta interesante ver que hay dentro de la caja, así que con esto ya me gané su curiosidad. 

- El cuento es muy gracioso y simpático y las ilustraciones muy vistosas lo que hace que permanezcan atentos, además en el cuento hay situaciones en las que se ven identificados por los que les es muy fácil de seguir. 

- El cojín es el no va más, les encanta, todos se lo quieren llevar a casa, les encanta la idea y luego cuando lo cuentan a los papás están emocionados. 

- La puesta en práctica en casa, es sencilla y por todo lo que hemos comentado salen con ganas de ponerlo en práctica. Generas en ellos un anclaje más sencillo para cuando se enfaden controlar su enfado y, al ser externo (cojín), les es más fácil de recordar y de poner en práctica en casa. 

- Participan los padres en el proceso, lo que hace que el tratamiento y el aprendizaje del buen manejo del enfado sea un trabajo familiar. 

¿Qué os parece a vosotros? ¿Os gusta tanto como a mí? Pues sigue leyendo...

El Cojín de Martina Repentina podéis comprarlo AQUÍ o pinchando en la imagen



No olvidéis compartir!!!

lunes, 3 de agosto de 2015

Depresión; Pautas para convivir con una persona deprimida

Convivir con una pareja o familiar deprimido es una tarea muy complicada. En muchos casos, la pareja o el resto de habitantes de la casa que nunca han padecido este trastorno no lo entiende y les resulta complicado entender que su familiar no se "ponga las pilas" y haga lo que tiene que hacer. 

Esta persona deprimida está sufriendo una alteración anímica que cambia de forma radical su manera de ser y de actuar, por lo que la relación con esta persona se ve alterada por completo. 

Si has llegado hasta aquí, es posible que estés conviviendo con alguien que sufre depresión y pretendas ayudarle y estés instruyéndote para saber cuál es la mejor forma de ayudarle. Tienes que saber que tratarás por todos los medios de ayudarle, pero lo más seguro es que se te des cuenta de que se trata de un problema mucho más complejo de lo que parece a priori.

Es esencial, que intentes adoptar una actitud comprensiva y abierta, para permitir que haya una comunicación algo más fluida que permita que se desarrolle el diálogo y se pueda ir restableciendo la objetividad poco a poco; recordemos que el deprimido suele tener una especial fijación para los aspectos negativos, siendo incapaz de ver ningún detalle positivo.

Es inútil que intentes pedirle a un deprimido que te explique lo que le pasa, no es capaz de hacerlo, realmente ni él mismo lo sabe. Tampoco es buena idea intentar transmitirle la idea de que vea la realidad con objetividad, no es capaz.. Aunque en ocasiones nos cueste, hay que entender que no está así por su gusto. Que no servirá de nada que le digamos que se anime o que se involucre en actividades. Lo que le suponga un esfuerzo no está en sus planes,, no por gusto si no porque no es capaz. 

¿Qué puedo hacer?

Como todos sabemos, la depresión es la epidemia del siglo XXI, por lo que todos a lo largo de nuestra vida conviviremos en algún momento con algún deprimido, estas pautas pueden ayudarte a llevarlo lo mejor posible:

1.- Entiende que tu enemigo es su depresión no "ella/él". La persona deprimida se encuentra enferma y actúa en base a su enfermedad no en base de sus elecciones y control.

2.- Busca ayuda profesional. La depresión es un tema más grave de lo que pensamos y tiene un mejor pronóstico cuanto antes busquemos ayuda profesional. Haz que esto se convierta en un bache pasajero y busca ayuda lo antes posible. 

3.- Haz que sienta que le apoyas y le comprendes. La persona deprimida nos necesita, precisa de atención y comprensión, hazle saber que puede contar contigo. 

4.- Cuídate tú también. Las personas deprimidas debido a sus pensamientos tan extremistas y negativos, en la mayoría de ocasiones, son personas tóxicas, es decir, pueden generar en los demás la sensación de contagio emocional de esta negatividad. Cuídate y protégete, ya que puedes acabar arrastrado por su negatividad si te implicas demasiado. Es imprescindible que encontremos el equilibrio entre no fomentar la dependencia y no criticar en exceso al enfermo.

5.- Planteale cosas para hacer que puedan motivarle. Una buena manera de ayudar es fomentar poco a poco actividades que puedan distraerle y animarle. Así verá como puede ir mejorando poco a poco y con paciencia. 

Y tu...¿Convives con una persona deprimida? Me encantaría leer vuestros testimonios que pueden ser muy útiles para otros lectores, anímate!!

Muchas gracias por seguirme!