jueves, 24 de enero de 2013

Terrores nocturnos y pesadillas, ¿Son lo mismo?

Las pesadillas infantiles y los terrores nocturnos se encuentran dentro de los Trastornos del Sueño del niño y concretamente en el grupo de las parasomnias. 

Normalmente no constituyen trastornos graves pero sí que pueden necesitar asesoramiento o intervención psicológica por los efectos secundarios que pueden producir en el niño (miedo a dormirse, a la noche, a conciliar el sueño sólo, irritabilidad, ansiedad...).

Terrores nocturnos

Los terrores nocturnos son alteraciones del sueño en las que el niño podría sentarse de repente al estar acostado, llorar, gritar, gemir, balbucear y sacudirse con los ojos abiertos, pero sin estar realmente despierto. Debido a que se encuentra en una especie de zona intermedia entre el sueño y la vigilia, no está consciente de la presencia del padre/madre si se encuentra ya a su lado en la habitación y no es probable que responda a nada de lo que le diga o haga.


Son muy alarmantes, porqué los niños pasan de forma brusca de estar profundamente dormidos a incorporarse en la cama, gritando y muy agitados.

A pesar de tener los ojos abiertos, los niños no están totalmente despiertos ni responden a los estímulos externos (por ejemplo a los padres cuando les preguntan). Si llegan a despertarse tardan unos minutos y cuando lo consiguen se sienten desorientados y confusos). Al día siguiente, habitualmente, no recuerdan el episodio y, si recuerdan algo, los contenidos no son muy elaborados, sólo recuerdan algunos detalles aislados.

Pesadillas

Se trata de uno de los trastornos más frecuentes en la infancia. A diferencia de los terrores nocturnos, una pesadilla deja al niño completamente despierto, puede recordar su sueño y a veces incluso hablar de él, y busca y se siente calmado por la presencia del familiar que acude a su habitación.

Los niños tienen pesadillas durante la fase del sueño en la que se sueña (en la fase REM o de movimientos oculares rápidos), a menudo temprano de madrugada y por la mañana temprano, entre las 2 y las 6 a.m, mientras que por lo general los terrores nocturnos se producen en las primeras horas de la noche, durante el sueño en el que no se sueña. 

El contenido de las pesadillas suele ser muy variado pero siempre existe un componente de peligro para la integridad física del niño. Por lo general no hacen referencia a situaciones reales (salvo en aquellos niños que han sufrido situaciones traumáticas). El episodio suele terminar con el despertar del niño, volviendo éste a un estado de plena alerta y con la sensación de miedo o ansiedad todavía presente. 

Aunque las pesadillas no suelen suponer un riesgo, por sí mismas, para la salud del niño, sí que pueden producir un cierto temor a dormir, en especial, si éstas son frecuentes. 

El primer episodio suele aparecer por primera vez entre los 3 y 6 años.

¿Qué puedo hacer?

Las pesadillas y los terrores nocturnos van desapareciendo a medida que los niños crecen. Lo que no es habitual es que un niño tenga pesadillas o terrores nocturnos recurrentes durante un período de tiempo prolongado. 

En los casos leves, que son la mayoría, los padres deben adoptar una actitud tranquila y de conocimiento del trastorno. Durante los episodios simplemente tienen que vigilar que el niño no se caiga de la cama o sufra cualquier daño físico derivado de su incorporación de la cama y su estado de somnolencia (recordemos que el niño no está despierto).

Algunos aspectos a tener en cuenta serían:
  • No hablarle ni intentar despertarle. 

  • Esperar a que el episodio siga su curso natural pero bajo nuestra vigilancia.

Si estos episodios son muy frecuentes, acude al pediatra para pedirle orientación, en algunos casos es importante la ayuda profesional pero generalmente, la mejor estrategia suele ser simplemente esperar a que remitan.

¿Vuestros hijos han tenido pesadillas o terrores nocturnos? Me encantaría leer vuestras experiencias...

Os espero la semana que viene con una nueva entrada!

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