lunes, 4 de junio de 2012

La pérdida de lo querido: EL DUELO


El duelo humano se define como una reacción adaptativa natural, normal y esperable ante la pérdida de un ser querido. El estado de duelo no podemos considerarlo una enfermedad, es un acontecimiento vital estresante de primera magnitud, que tarde o temprano hemos de afrontar, casi todos los seres humanos. La muerte del hijo/a y la del cónyuge, son consideradas las situaciones más estresantes por las que puede pasar una persona (Holmes, 1967; Dohrenwend, 1994). 

El duelo, supone un proceso más o menos largo y doloroso de adaptación a la nueva situación. Elaborar el duelo significa ponerse en contacto con el vacío que ha dejado la pérdida, valorar su importancia y soportar el sufrimiento y la frustración que conlleva. 

La intensidad y duración del duelo depende de muchos factores: tipo de muerte (esperada o repentina, apacible o violenta), de la intensidad  y de la unión con el fallecido, de las características de la relación con la persona perdida (dependencia, conflictos, ambivalencia), de la edad... 

La duración del duelo por la muerte de una persona muy querida puede durar entre 1 y 3 años. 

Duelo resuelto. Podemos decir que hemos completado un duelo cuando somos capaces de recordar al fallecido sin sentir dolor, cuando hemos aprendido a vivir sin él o ella, cuando hemos dejado de vivir en el pasado y podemos invertir de nuevo toda nuestra energía en la vida y en los vivos. 

No existe un tiempo fijo para vivir el duelo. Cada cual necesitará su tiempo. Sólo nosotros podemos marcar el tiempo que necesitamos para poder considerarnos recuperados. Todo ello a pesar, de que muchas veces nuestros familiares y amigos, nos insisten, y quisieran vernos en la normalidad ¡ya!, tal vez porque así ellos tampoco sufren tanto... Pero sólo cada uno de nosotros sabe lo que necesita. 

FASES DEL DUELO

Desde que se recibe la noticia del fallecimiento de un ser querido hasta que se asimila y acepta, todas las personas afectadas por la muerte de esa persona próxima atraviesan diferentes fases. Son las fases del duelo.

Hay que pasar y superar diferentes momentos de dolor, aunque no siempre las fases se producen en el mismo orden:

Negación y aislamiento: la negación nos permite amortiguar el dolor ante una noticia inesperada e impresionante; permite recobrarse. Es una defensa provisional y pronto será sustituida por una aceptación parcial: “Esto no me está pasando a mi”.

Ira: la negación es sustituida por la rabia, la envidia y el resentimiento; surgen todos los por qués. Es una fase difícil de afrontar, esto se debe a que la ira se desplaza en todas direcciones, aún injustamente. Suelen quejarse por todo, todo les viene mal y todo es criticable. Luego pueden responder con dolor y lágrimas, culpa o vergüenza. La familia y quienes los rodean no deben tomar esta ira como algo personal y así no reaccionar en consecuencia con más ira, lo que fomentará la conducta hostil del doliente. ¿Por qué a mi? ¡No es justo!"; "Qué asco de vida".

Pacto o negociación: ante la dificultad de afrontar la difícil realidad, más el enfado con la gente y en ocasiones con Dios, surge la fase de intentar llegar a un acuerdo para intentar superar la traumática vivencia, "Haría cualquier cosa por un par de años más con él".

Depresión: cuando no se puede seguir negando la situación, la persona se debilita, adelgaza, aparecen otros síntomas y se verá invadida por una profunda tristeza. Es un estado, en general, temporal y preparatorio para la aceptación de la realidad en el que es contraproducente intentar animar al doliente y sugerirle mirar las cosas por el lado positivo. "Estoy tan triste, ¿Por qué hacer algo?"; "Quiero morir, ¿Qué sentido tiene esto?".

Aceptación: quien ha pasado por las etapas anteriores en las que pudo expresar sus sentimientos, su envidia por los que no sufren este dolor, la ira, el enfado por la pérdida del ser querido y la depresión, contemplará el próximo futuro con más tranquilidad. No hay que confundirse y creer que la aceptación es una etapa feliz: en un principio está casi desprovista de sentimientos. Comienza a sentirse una cierta paz, se puede estar bien solo o acompañado, no se tiene tanta necesidad de hablar del propio dolor, la vida se va imponiendo. "Todo va a estar bien."; "No puedo luchar, debería prepararme para esto."

Hasta la próxima!!

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